Prevenir y curar: Una alimentación saludable

Si las predicciones estadísticas se cumplen, durante los próximos 20 años se prevé que uno de cada cuatro hombres y una de cada cinco mujeres ha de verse afectado por algún tipo de cáncer. Esto no nos sorprende porque todos somos testigos del creciente acoso de esta enfermedad en nuestro entorno inmediato. No obstante, las estadísticas no siempre hacen pronósticos que se han de verificar necesariamente, se basan en hechos ya sucedidos y en datos concretos sobre estos hechos, y no tienen por qué alcanzar a los datos futuros  y a lo que acaecerá, que nadie lo sabe.  Por ello las  predicciones basadas  en la Estadística son relativas y pueden no siempre coincidir con la realidad futura, como algunas veces se ha puesto de manifiesto. Sin embargo, también hemos de afirmar que  si los factores  y causas que han intervenido en la generación de los datos estadísticos no  variaran y el estudio estadístico es correcto, la previsión obtenida por medio de esos datos será rigurosamente cierta. Por otro lado, el objeto de la  Estadística no solo consiste en predecir lo que es posible que  suceda en el fututo a través de estimaciones e inferencias, sino que mediante el estudio de los datos disponibles, podemos averiguar causas y factores que los determinan. Por ello la Estadística es en la actualidad una herramienta imprescindible para averiguar la verdad científica.

La relación de las enfermedades con los modos de vida resulta cada vez más evidente,  los estudios estadísticos lo ponen de manifiesto, y en este sentido pueden ponerse múltiples ejemplos. La alimentación sobreabundante, descuidada y rica en grasas saturadas es causa de enfermedades cardiovasculares. Los ambientes contaminados de las grandes ciudades producen  a sus habitantes graves problemas de salud. El hábito de fumar causa enormes perjuicios a nuestro cuerpo, y en particular afecta seriamente la salud de los pulmones y no solo los del fumador sino también los de los que le rodean, a pesar de no practicar esta perniciosa costumbre.  Consumir alimentos refinados es el origen de importantes carencias nutricionales que, además de hacernos más indefensos y vulnerables a la enfermedad, nos predisponen a  padecer desequilibrios de naturaleza metabólica. La vida sedentaria nos debilita, y es fuente de otros problemas físicos, y aún psicológicos que conducen a seguir malos hábitos. Los datos estadísticos son contundentemente precisos: El 35 % de los cánceres tienen su origen en una nutrición mala o inapropiada.  El número de los de pulmón se ve incrementado en las ciudades entre un 10% y un 15 %,  y el de este tipo aumenta un 40 % entre la gente que tiene el hábito de fumar.

La alimentación y la lucha contra el cáncer

El cáncer es una enfermedad, hoy por hoy, bastante desconocida,  que aunque resulta cada vez más fácil de diagnosticar, es difícil de curar porque no se saben sus verdaderas causas y los mecanismos de  su propagación. Es propia, desde todos los tiempos, de los seres multicelulares. Los médicos, ante enfermos afectados por esta dolencia, se sienten impotentes al ver que no puede hacerse casi nada para curarla, en especial cuando ya está extendida y ha alcanzado cierto grado de desarrollo. En cualquier caso, utilizan diversos procedimientos para atajarlo,  teniendo  bastante éxito cuando aún está en su etapa inicial. La cirugía, la quimioterapia o la radioterapia, persiguen, la primera extirpar el foco cancerígeno para que no se extienda, y el resto el control y aislamiento del mal por métodos químicos y radiológicos, siempre con el objetivo fundamental de que si bien no poder vencerlo,  al menos  intentar retrasar en lo posible  su desarrollo e invasión del resto del cuerpo. El diagnóstico precoz suele ser vital.  En todos los casos la calidad de vida de los pacientes con esta dolencia se ve seriamente afectada.

La lucha contra el cáncer, en la actualidad, presenta dos vías de actuación e investigación fundamentales: La de curar la enfermedad y la de prevenirla.  Tanto una como otra son importantes si queremos vencer este mal que nos acosa en grado creciente.  Enormes cantidades de dinero son recaudadas cada año  a través de colectas  y otros medios en todo el mundo, y los gobiernos invierten ingentes sumas, a fin de sostener laboratorios y sobre todo hospitales para vencer esta terrible enfermedad. En Estados unidos, durante el mandato de Nixon, fue declarada  oficialmente la guerra contra el cáncer redactándose  y promulgándose en el Congreso la célebre ley, de ámbito federal, conocida como National Cancer Act  que fue firmada por Nixon el 23 de Diciembre del 1971. Desde entonces hasta al momento presente, la situación ha mejorado claramente y el número de supervivientes se ha cuadriplicado.   Pero  también hemos de decir que, a pesar de tan buenas iniciativas y  después del tiempo transcurrido, la enfermedad todavía no ha sido vencida. Más aún, nos sigue invadiendo cierto pesimismo, ante la escasez de resultados obtenidos en el conocimiento real de la enfermedad y en la lucha contra ella,  a pesar de  las esperanzas puestas. En este sentido hemos de señalar también,  que de todos los fondos  que se dedican a combatir  el cáncer,  en el día de hoy al menos, la mayor parte son utilizados casi exclusivamente  para curar más que para prevenir.

Se observa una  disminución clara de las muertes por cáncer, sin embargo  hemos de saber también, que esta enfermedad constituye hoy por hoy  la principal causa de  de fallecimiento en el mundo desarrollado occidental, como pone de manifiesto la contabilidad estadística. Más aún, los porcentajes de fallecimientos por cáncer en los países desarrollados, dentro del cómputo global de causas de muerte aumenta constantemente y el incremento recientemente se evalúa en casi un 80% respecto a lo que acontecía en el año 1971. La  aparente contradicción entre el aumento de las curaciones,  y  el  posicionamiento a ser la primera causa de muerte, se explican por el  continuo incremento de la esperanza de vida y el progresivo envejecimiento de la población con el consiguiente deterioro biológico de la misma, y en la  drástica disminución de las tasas de mortalidad  por otras causas, al ser controladas ahora enfermedades antes muy activas y frecuentes y hoy ya superadas por los avances de la Medicina. Pero también por el  escaso desarrollo de la prevención, más necesaria hoy que nunca, ante estas perspectivas de envejecimiento generalizado de la sociedad.

La prevención tiene tres vertientes, una es la de dar a conocer y advertir, en relación a esta enfermedad, de los riesgos y  peligros a que estamos expuestos en nuestra  vida diaria,  donde las continuas estimaciones estadísticas, que señalan los factores de riesgo, están demostrando jugar un importante papel de aviso. Nos dicen de la necesidad de corregir hábitos, conductas y modos de vida que nos pueden llevar a poder padecer la enfermedad. Otra es la de promover, reglamentar, y prohibir en su caso, siendo esto responsabilidad de los gobiernos, medidas  para intentar bajar los índices de riesgo, y  además de conseguir disminuir los tremendos gastos que a nivel social acarrean los tratamientos y cuidados de los enfermos de cáncer. Y en último lugar,  lo más difícil de conseguir, es lograr interesar  y convencer a la gente  de la existencia de estos peligros,  ante los cuales, de ignorarlos,  solo cabría confiar “in extremis” en  la protección que nos podría brindar nuestra  robusta constitución genética.

Hasta el momento presente,  la acción llevada a cabo por los gobiernos en lo que se refiere a prevenir, reglamentar y prohibir, es lamentablemente escasa y  muy permisiva. Basta  para ello recordar por ejemplo, la laxitud mostrada en la reglamentación de los etiquetados, cuando de insumos se trata, en los que la información suministrada al consumidor  por este medio parece  insuficiente, imprecisa en muchos casos, incomprensible en otros y con frecuencia intencionadamente  confusa e interesada.

Ante la enfermedad del cáncer, hay que tratar, en primer lugar, de saber de qué modo puede adquirirse, lo que es  muchas veces desconocido, pese a que cada vez son más patentes cuales son las circunstancias de riesgo,  cuales son agentes inductores y promotores de la misma; y en segundo,  evitar esos agentes a través de la práctica de cierta disciplina,  que no siempre  se acepta por incómoda.  El dicho popular, “mejor es prevenir que curar”,  solo  adquiere pleno sentido cuando el mal o la inminencia del mismo está frente a nosotros. No nos paramos a pensar a priori,  en la pérdida de calidad de vida  que supone el padecer esta enfermedad, ni tampoco en  los  gastos en tiempo, en dinero, en molestias, ni  finalmente en el efecto psicológico que puede produce padecerla.

La importancia de una alimentación saludable

Una nutrición  apropiada puede jugar un papel importante en la lucha contra el cáncer, y cada vez más se comprueba la especial trascendencia que tienen las grasas utilizadas en la alimentación.  Sabemos que resulta tan perjudicial no tomarlas en absoluto como tomarlas en exceso. Sin grasa no es posible la vida. Han de estar siempre presentes  en nuestra mesa, y la calidad  y tipo de las mismas juega un papel decisivo para nuestra salud.

La importancia de las grasas radica,  aparte de constituir nuestra principal fuente de energía, en  que los ácidos grasos que las componen intervienen en la formación de las membranas celulares de nuestro cuerpo y determinan especialmente la permeabilidad de éstas. La naturaleza, constitución y consistencia de estas membranas o paredes celulares es sumamente importante porque de ello depende el grado de intercambio entre el medio exterior y la célula. Alimentos, oxígeno, y otras sustancias menos deseables, pasan continuamente a través de estas membranas  por   difusión u ósmosis, pues  la célula necesita alimentarse y respirar.

La materia grasa está constituida fundamentalmente por ácidos grasos en un porcentaje del 99 %,  que son sustancias orgánicas formando moléculas en forma de cadenas de unos 26 átomos de carbono de largas, unidos éstos por enlaces de dos tipos, unos saturados y otros insaturados. Se distinguen tres clases de ácidos grasos, según sea el número de enlaces insaturados de sus moléculas, que en orden decreciente del mismo reciben el nombre de ácidos poliinsaturados, monoinsaturados y saturados. Estos últimos solo tienen enlaces saturados. Los monoinsaturados solo tienen un enlace insaturado y los poliinsatruados más de uno obviamente. Está demostrado que los radicales derivados de estos ácidos son   fundamentales  en la formación de las paredes celulares, porque participan en la constitución interna de éstas, como partes integrantes de otras sustancias aún más complejas, que reciben el nombre de fosfolípidos que son los verdaderos componentes de tales paredes. Los fosfolípidos  forman el tejido de las paredes celulares que aíslan a la célula del medio externo.

Las propiedades de los ácidos grasos determinan en alto grado el comportamiento de las células en  lo que se refiere a la capacidad que tienen para intercambiar con el exterior.  En este sentido son las densidades de estas sustancias  las que juegan su principal papel.

Los valores de las densidades de los ácidos grasos siguen el orden inverso que el de los niveles o grados de insaturación. Los menos densos son los ácidos poliinsaturados y los más los saturados.    Los ácidos poliinsaturados, debido a su menor densidsd, hacen que las paredes celulares sean  más flexibles y permeables. En cambio, los saturados, más pesados, las convierten en rígidas e impermeables. Los monoinsaturados juegan un papel intermedio entre poliinsaturados y saturados.

El nivel apropiado de intercambio con el exterior es fundamental para la célula.  Mientras que los radicales ácidos saturados obstaculizan en cierto modo este intercambio, limitando el flujo y penetrabilidad a través de la membrana, los poliinsaturados  por el contrario lo favorecen aumentando la fluidez y permitiendo más fácilmente el trasiego de materia. Una  rigidez excesiva de las membranas produce flujo reducido y escaso con el medio externo, con el consiguiente perjuicio para la vida celular, deterioro biológico y el envejecimiento correspondiente;  mientras que una permeabilidad grande origina  un alto flujo y efectos contrarios.

Si bien la alta permeabilidad de la membrana resulta conveniente, en principio, como acabamos de ver, como  algo bueno, para que la célula esté mejor alimentada,  no lo es en cambio si se sobrepasan ciertos límites, porque al aumentar el grado de penetración y trasiego   de sustancias a su través, hace también crecer la vulnerabilidad de la célula a algunas nocivas. Entre estas últimas cabe incluirse diversos agentes patógenos no deseables como virus y también sustancias y agentes inductores cancerígenos. Es entonces, cuando estos últimos,  una vez ya dentro de la célula, pueden no encontrar ninguna dificultad en tener acceso al núcleo de la misma, fácilmente a su alcance y sin  la suficiente protección, para permitirles atacar el ADN del mismo.

Los estudios estadísticos, han confirmado en cierto modo lo anterior al poner al descubierto que, si bien los enfermos cardiovasculares mejoraban de su dolencia en un 25 % de los casos por la ingestión de grasas ricas en ácidos polinsaturados,  también ponían de manifiesto al mismo tiempo, por el contrario,  que aumentaba sorprendentemente en un 30% el número de enfermos de cáncer al ser sometidos a este tipo de dieta.  El aumento de la fluidez resultaba relativo

En lo que respecta a los ácidos saturados, los efectos, al aplicar una dieta rica en éstos, eran contrapuestos a los de los poliinsaturados, al disminuir las permeabilidades y la penetración de alimentos y oxígeno por ósmosis y difusión. Es en este sentido, cuando se entiende que   haya pueblos que obligados a consumir casi exclusivamente grasas saturadas, por lo general de origen animal, tengan menor esperanza de vida, que los que se nutren con otro tipo de grasas, por lo general vegetales insaturadas, presentando claros síntomas de envejecimiento prematuro.  Frente a  aquellos están, los que mantienen una alimentación muy variada, como es el caso   por ejemplo de las sociedades mediterráneas, basada en las hortalizas y el aceite de oliva,  con altas esperanzas de vida.

Los ácidos grasos monoinsaturados ejercen una acción intermedia de equilibrio entre los antes mencionados.  En cualquier caso debemos saber que las tres clases de ácidos grasos son necesarias para el buen funcionamiento de nuestro organismo, por razones que no podemos extendernos aquí. Si es necesario señalar,  que debe guardarse una proporción relativa entre ellos.

Cuando se ingieren las grasas el metabolismo las altera en mayor o menor grado, alargando o acortando sus unidades estructurales o moléculas, insertando en  las cadenas correspondientes nuevos enlaces insaturados, además de los propios, produciéndose otras series de ácidos grasos que cubren las necesidades de nuestro cuerpo.

Sin embargo  está demostrado que nuestro organismo no puede añadir enlaces insaturados antes del carbono 9 de la molécula, para formar otros ácidos grasos poliensaturados, a partir de los suministrado por la dieta, absolutamente necesarios ellos para la vida. Por ello, hay la necesidad de ingerir  ciertos ácidos poliinsaturados llamados “esenciales”,  como el ácido linoleico ω6 y  el ácido α-linolénico ω3, con enlaces insaturados antes del carbono 9,  sin los cuales no se puede vivir.

La salud y el aceite de oliva virgen extra

La dieta mediterránea,  basada particularmente en el aceite de oliva virgen extra, con alto contenido de ácido  oleico (80% en algunos casos), monoinsaturado por excelencia, y una proporción adecuada del resto de saturados y poliinsaturados, es sin lugar a dudas, mucho más beneficiosa que las  basadas en otro tipo de grasas.

Aunque las estadísticas pueden variar ligeramente de unos lugares a otros debemos saber que el tabaco es el responsable de más del 40 % de los cánceres. Distinguir en este caso entre fumadores activos y pasivos puede ser irrelevante.  Que una alimentación inadecuada supone el 35%.  Que el 20 % se relacionan con la obesidad y el sedentarismo. Que las dietas pobres suponen aumentar el riesgo entre el 20% y el 25 %. Que el exceso de alcohol un 4%. La contaminación de las ciudades entre el 10% y 15%.

Hoy en día aparecen muchas publicaciones y se hacen muchos estudios sobre cáncer, principal causa de muerte en el mundo actual.

 

Bibliografía:

Instituto Nacional de Cáncer https://www.cancer.gov/

Diet and Coronary Heart Disease 1981 Oliver M.F. Brit. Med. Bull.

The Cancer Chronicles: Unlocking Medicine´s Biggest Mistery por George Johnson  2013

The Truth in Small Doses: Why We´re Lois in the War on Cancer, and How to Win It. Por Clifton Leaf 2013

El aceite de olive y la salud. COI. P. Viola.

Lípidos y grasas. C. Gallardo Ganuza.  Boletín Oncológico del Hospital General de Teruel y Asociación Española contra el Cáncer.

Agradezco a El Cortijuelo S.B. la oportunidad que me ha dado para poder publicar este artículo en su página web,  estando sometido a los correspondientes derechos de autor  no pudiendo ser reproducido por ningún medio sin el correspondiente permiso de esta empresa o el del autor del mismo.

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