Alimentación en la sociedad de consumo

Sentimos cierta añoranza cuando tomamos frutas u hortalizas y vemos que poseen poco sabor  a pesar de tener excelente aspecto. La imagen que nos presentan en el mercado no suele corresponderse con la realidad, y esa calidad, que en otros tiempos, muchos de nosotros  tuvimos la suerte de conocer y disfrutar,  la recordamos ahora con amargura, como algo perdido.  No son lo que creemos deberían de ser y  cabría esperar.  Hace ya años,  la situación era muy distinta,  el melocotón solía tener un aspecto no tan llamativo como los actuales pero  sabía a melocotón, la manzana a manzana y el tomate a tomate. Esos recuerdos nos quedaron  para siempre, si bien entonces no  los valorábamos como lo hacemos ahora.  Las cosas han cambiado mucho y hoy no es así.  Cuando acudimos a la frutería,  solemos preguntar a nuestro frutero, no sin cierta duda y alguna expectación,  ¿son buenos estos melocotones?  La respuesta  suele ser afirmativa aunque finalmente es en casa donde  hemos de conocer la  dura realidad.

En las grandes superficies y comercios en general, los alimentos  se presentan impecables, en estantes  repletos de mercancías y asequibles precios, bien empaquetados y atractivos, en ambientes llenos de encanto, de luz y de insinuantes carteles publicitarios.  Sentimos verdadero placer en pasear y movernos por estos  acogedores sitios donde hay de todo y de aspecto inmejorable. Sin embargo nuestras experiencias nos recuerdan constantemente que no hay correspondencia entre lo que vemos y lo que es. Productos Gourmet

No podemos liberarnos de ese sentimiento  nostálgico,  connatural con nosotros,  de que lo antiguo es siempre mejor,  cuando nos vienen a la memoria esos pueblos donde el tiempo parece se detuvo y los hábitos de vida de hace años aún se mantienen. Allí todo es más natural y auténtico. O cuando comemos la fruta que nosotros mismos cultivamos proveniente de nuestro propio huerto.

El origen y la satisfacción de la sociedad de consumo

La Agricultura Moderna  y las nuevas técnicas de transformación y conservación de los alimentos han ayudado a esta situación, a lo que también contribuye el desconocimiento casi absoluto por parte de los consumidores de lo que comen, a pesar del etiquetado. El hecho es particularmente grave en las grandes ciudades,   aglomeraciones donde nadie sabe nada de lo que es y de lo que debe ser, y son víctimas de las manipulaciones y operaciones de las grandes empresas alimentarias. Aquí, en estos espacios,  se ha acabado por trastocar completamente el panorama alimenticio y  nos tememos que también termine por alcanzar a esos mismos pueblos de los antes que hemos hablado,  reductos todavía de la buena alimentación. Aquí y ahora, la vista y el precio lo son todo. Buen aspecto y mejor precio es lo que vale. Llama  particularmente la atención los productos baratos  en los establecimientos  ostentosos.  ¿Quién paga todo esto?

Los productores contribuyen también a este panorama. Los frutos se recogen antes de madurar, antes de hacerse, con lo que se evita la “vecería” de los árboles, es decir la de  dar una cosecha si y otra no en años sucesivos,  con lo que se aumenta  la rentabilidad de las explotaciones. Se seleccionan tamaños y  los frutos se embellecen  artificialmente llegado el caso. La maduración es controlada,  atendiéndose fundamentalmente los requerimientos del mercado, y las cámaras frigoríficas, conservantes  y demás aditivos  permitidos,  se convierten en aliados eficacísimos, capaces de prolongar  largo tiempo la vida de las hortalizas y frutas y mejorar su presentación.  Se consiguen especímenes fuera de temporada y  se seleccionan nuevas variedades de plantas, más productivas y fáciles de cultivar, abandonándose otras menos rentables  pero  de  productos más sabrosos.   Los cultivos  hechos en atmósferas controladas de invernadero están  hoy siempre omnipresentes.  Todo parece indicar que en el sector alimentario se sigue todo un programa  que hunde la calidad a favor de la imagen.

Foto 1: Sociedad de consumo

Reflexión sobre la sociedad de consumo y la alimentación

Ni que decir tiene que no estamos contra el progreso técnico, más necesario que nunca, cuando somos muchos y la población aumenta espectacularmente.  Alimentar a mucha gente  y a precios asequibles es una obligación pero ello no tiene nada que ver con el abuso innecesario de la imagen para decirnos qué es lo que no es.

Si salvamos, que la producción de alimentos se haga sin menoscabo de su salubridad,  a lo que hemos de prestar atención especialmente es a su comercialización,  al correcto etiquetado de los mismos,  a  poder conocer la “trazabilidad” de estos alimentos en los  propios establecimientos donde se venden  y  al hecho de estar seguros de poder confiar en la profesionalidad  e información que se nos da en ellos.  De ningún modo vale la pena comprar productos  solo por lo que nos parecen, por su bella imagen, por su aspecto, porque  otros son expertos conocedores y nosotros probablemente no lo somos y podemos ser engañados.

 

Fuente:

Periódico ABC

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